Europa fue una de las primeras regiones en adoptar la tendencia de «Clean Label» hace más de 10 años. En este post te mostramos de qué se trata.
Qué es la etiqueta Clean Label
Los consumidores tienen expectativas cada vez más altas en términos de trazabilidad y transparencia sobre la composición de los productos que consumen. Un desafío que los fabricantes están tratando de cumplir.
El movimiento de Clean Label no se enfoca en la información nutricional de un alimento, sino en sus ingredientes. Éstos deben ser simples, naturales, saludables y tradicionales.
Esta tendencia está motivada por la desconfianza en el impacto negativo que ciertos ingredientes, como los aditivos, podría suponer para la salud de los consumidores. Por tanto, toda esta información debe ser accesible.
Una necesidad de naturalidad y sostenibilidad en la alimentación
El consumidor busca más naturalidad en los alimentos que consume. Esta naturalidad se basa tanto en el método de producción de los alimentos: origen, tratamiento agrícola, certificación ecológica, etc., como en la forma en que se elaboran los alimentos: proceso y grado de transformación.
Esta noción de naturalidad debe vincularse a cuestiones de sostenibilidad, que también son esenciales para los consumidores de hoy.
El impacto medioambiental de la transformación industrial de los productos puede y debe animar al consumidor a escoger los productos más adecuados para su consumo, como pueden ser los alimentos de temporada y el consumo de productos locales.
Definición oficial de Clean Label
Debido a que no existe una definición oficial de etiqueta limpia o Clean Label, no hay números oficiales sobre esta tendencia en crecimiento. Sin embargo, el lanzamiento de productos que llevan el reclamo de “etiqueta limpia” está en pleno auge en los mercados.
Actualmente los fabricantes están sometidos a una fuerte presión que los anima a seguir procesos cada vez más transparentes y accesibles al consumidor como ya recogió el Reglamento Europeo en 2011.
En 2019, en Europa, 1 de cada 3 productos nuevos ya contaba con la etiqueta Clean Label.
Un desafío para los fabricantes
Los fabricantes enfrentan 3 desafíos principales en el desarrollo de productos de etiqueta limpia:
- Sourcing: búsqueda de ingredientes naturales para la reformulación de sus productos.
- I+D: conseguir conservar las cualidades organolépticas del producto a pesar de la modificación de la lista de ingredientes.
- Comunicación: lograr transmitir adecuadamente los cambios al consumidor.
Alérgenos, Aromas y Aditivos en el Etiquetado de los Alimentos
La información en el etiquetado de los alimentos es clave para garantizar una elección consciente y saludable. Tres elementos esenciales que debemos considerar son los alérgenos, los aromas y los aditivos, ya que pueden tener un impacto significativo en nuestra salud y bienestar.
Alérgenos: identificación clave en el etiquetado
Los alérgenos son sustancias que pueden desencadenar reacciones adversas en personas sensibles. La legislación alimentaria europea exige que los 14 principales alérgenos estén claramente identificados en las etiquetas, ya sea en negrita, mayúsculas o color diferenciado:
- Gluten (presente en trigo, cebada, centeno y avena)
- Leche y lactosa
- Huevo
- Frutos secos (almendras, avellanas, nueces, anacardos, etc.)
- Cacahuetes
- Soja
- Pescado y mariscos
- Mostaza
- Sésamo
- Apio
- Altramuces
- Dióxido de azufre y sulfitos (presentes en algunos vinos y conservas)
El etiquetado limpio promueve productos libres de alérgenos innecesarios, especialmente en alimentos dirigidos a población vulnerable como niños o personas con enfermedades autoinmunes.
Aromas: diferencia entre naturales y artificiales
Los aromas son ingredientes añadidos para potenciar el sabor de los productos:
- Aromas naturales: extraídos de fuentes vegetales o animales. Ejemplo: extracto de vainilla.
- Aromas idénticos a los naturales: químicamente iguales a los naturales, pero obtenidos en laboratorio.
- Aromas artificiales: sustancias sintéticas sin equivalente en la naturaleza. Ejemplo: vainillina sintética.
Las etiquetas limpias priorizan los aromas naturales, evitando los artificiales, ya que estos últimos pueden estar asociados a efectos secundarios como hipersensibilidad o a alteraciones en el metabolismo.
Aditivos: qué debemos vigilar
Los aditivos son sustancias añadidas a los alimentos para mejorar su conservación, textura o apariencia.
Se identifican con un código E seguido de un número:
- Colorantes (E100-E199): algunos como el E102 (tartrazina) o el E129 (rojo allura) pueden estar relacionados con hiperactividad en niños.
- Conservantes (E200-E299): el E220 (dióxido de azufre) puede provocar problemas digestivos en personas sensibles.
- Emulsionantes y espesantes (E400-E499): los fosfatos (E450) pueden afectar la absorción de calcio.
- Edulcorantes (E950-E969): aspartamo (E951) o acesulfamo K (E950) no son inocuos a nivel de metabolismo y microbiota.
La tendencia «clean label» busca minimizar el uso de aditivos innecesarios y optar por alternativas naturales, como conservantes a base de extractos vegetales.
Cómo avanzar hacia la etiqueta limpia
Si eres productor y te gustaría saber cómo desarrolar tus productos para que cumplan con los preceptos de la etiqueta Clean Label, toma buena nota:
Reunir datos de mercado
Puedes comenzar reuniendo datos de mercado y haciéndote las siguientes preguntas:
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- ¿La «etiqueta limpia» es relevante en tu mercado?
- ¿Qué significa la «etiqueta limpia» para tu consumidor objetivo?
- ¿Qué aditivos son aceptables en un producto de «etiqueta limpia» en tu mercado?
- ¿Qué aditivos deberías eliminar?
- ¿Cuáles son las alternativas y cómo son percibidas por el mercado?
- ¿Qué cambios, si los hubiera, necesitarías hacer en la receta actual?
- ¿Necesitas mejorar el proceso de producción y diseño?
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Poner a prueba el producto
La eliminación de conservantes o la alteración del contenido de sal y azúcar pueden requerir cambios en los procesos de producción o almacenamiento. Es fundamental probar cualquier nueva receta de “etiqueta limpia” y verificar la estabilidad del producto resultante en términos de vida útil.
Esto te permitirá identificar el tipo de microorganismos que probablemente crezcan o persistan en la nueva receta desde su elaboración hasta su consumo.
Podrás entonces diseñar el proceso de producción correcto para obtener un producto no perecedero con el sabor y la apariencia que deseas ofrecer al consumidor.
La calidad de los ingredientes y materias primas es primordial. Todos los ingredientes deben cumplir con altos estándares microbianos para cumplir con los requisitos de seguridad alimentaria y estabilidad en su almacenamiento.
La “etiqueta limpia” puede implicar elegir materias primas fácilmente perecederas, en general, un almacenamiento por debajo de los 10ºC reduce la susceptibilidad de los alimentos a degradarse con rapidez.
El contenido de grasa y agua son parámetros clave. Cuanta más agua contiene un producto, más vulnerable es al deterioro microbiano.
Los intercambiadores de calor de placa y tubulares pueden ayudar a mantener los productos en las condiciones necesarias para el consumo.
Revisa el proceso de llenado, almacenamiento y dispensación. El llenado en frío y la dispensación refrigerada brindan beneficios de vida útil al retrasar la oxidación pero, si se cuenta con el empaquetado y controles adecuados, muchos productos se pueden dispensar y almacenar a temperatura ambiente.
Esto reducirá o incluso eliminará los conservantes y aditivos destinados a mejorar la estabilidad y textura del producto.
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